Y entonces ella miró atrás, lo que vio la dejó perpleja, confusa, llena de un terror tan irracional que no supo como ni cuando, o si quiera en que momento sus pasos se detuvieron sólo para admirar aquello que había a su espalda. Confusa y perdida, lo único certero era que la noche se avecinaba y con ella saldrían todos los horrores que la atormentaban día y noche. Lenta, pausadamente se dio la vuelta, con sus orbes fijas en aquello que parecía perseguirla incluso en sueños y su voz se quebró, sus rodillas fallaron y el horror parecía, por fin, hacerla sucumbir a la locura más bestial.
Y gritó.
Con todas sus fuerzas.
Se alma pareció separarse por unos momentos de su cuerpo y sus manos fueron a sus mejillas mientras sus ojos se abrían como platos y las lágrimas resbalaban por éstas. El odio la llenó, la furia la recorrió y la ira hizo ebullición en sus venas. Fuerte, violentamente. Por que lo que vio, fue el detonante para su demencia ...
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